Llevaba ya unos días establecida en Busán cuando recordó algo. Fue cuando intentó mover una de las maletas para colocarla bajo la cama —el único hueco donde podría ponerlas para que no ocuparan espacio— y vio lo poco que pesaba. Era lógico, puesto que ya había conseguido sacar todo de ellas y ordenarlas de la mejor manera que podía. La mayor parte de los libros habían terminado en su nuevo despacho. Esa misma mañana, cuando había entrado, había asentido satisfecha porque al menos parecía que ya había algo y que no era una habitación vacía llena de polvo.
Al menos, cuando se había sentado en una mesa que ya comenzaba a llenarse de papeles, parecía que alguien estaba trabajando allí. Se había adaptado bastante rápido a la monotonía de la universidad. La conversación con su jefe, al día siguiente de llegar, había sido un poquito extraña, pero sabía demasiado bien que los investigadores eran personas excéntricas. Ella misma estaba en ese mismo círculo como para sorprenderse.
Miró su habitación de hotel y dejó escapar un suspiro. Tenía tareas pendientes. Y una de esas tareas pendientes era encontrar un lugar mejor donde establecerse y, por otro lado, encontrar un trabajo que le diera unos ingresos extras que compaginar con la beca. Por el momento no podía hacer mucho más. Era viernes por la tarde y hasta el lunes no tenía que volver de nuevo a la Universidad. Podía pasarse al día siguiente, sábado, pero eso sería pecar de obsesiva con el trabajo.
—Tareas pendientes, HaNa, ¿qué es lo que tendrías que hacer?
No aburrirse. Eso fue lo primero que se le pasó por la cabeza. Claro que para no aburrirse, visto lo visto, era… nada. Salvo que… Sí, sí que había algo. Recordó entonces al chico de la estación de tren y que le había dicho que le llamara cuando estuviera establecida en algún lugar. Habían pasado algunos días, claro, y no sabía si él se acordaría o no de ella. Todo fuera que llamara y se quedara con dos palmos de de narices. Era esa la razón por la que estaba dudando con el teléfono en la mano.
Se mordisqueó brevemente el labio inferior y finalmente buscó el número del desconocido, hasta que dio con él. Cruzó los dedos y esperó con el teléfono en la oreja. Uno, dos, tres, cuatro… Estaba a punto de colgar cuando una voz de hombre se escuchó al otro lado.
—¿Sí?
—Emm, igual no te acuerdas de mí… soy la chica de la estación de tren…
Yong Woo dudó por un momento. Se encontraba tranquilamente sentado en la sala con un libro entre las manos y un café bien caliente encima de la mesa baja. Sabía perfectamente de quién se trataba. No le hizo falta que dijera nada más. Desde aquel encuentro fortuito se había acordado en un par de ocasiones de ella. Y aunque fuera extraño en él, no porque le interesara de la manera que le solían interesar las mujeres.
—Sí, me acuerdo.
HaNa frunció ligeramente el ceño. No se esperaba que le recibieran con saltos de alegría, pero le había parecido escuchar cierto agobio o desgana en la voz. Sobre todo eso último. Casi de forma automática se puso de pie para comenzar a caminar por la habitación. Una habitación que no era demasiado grande, pero que al menos le estaba sirviendo para acomodarse un poquito en Busánl.
—Era por lo que me dijiste … Y quería invitarte a un café para compensarte por lo que hiciste.
—Has tardado bastante, por regla general esas invitaciones se dan en el mismo día o como mucho al siguiente.
—Yo… bueno, he tenido que hacer cosas en el trabajo y…
—Me vas a invitar a cenar y después nos iremos a tomar algo. —HaNa casi pudo ver la sonrisa del hombre, que se transmitió perfectamente a través del teléfono. —Ahora mismo te envío la dirección.
—Eh… ¿a qué hora?
—A las ocho. Nos vemos entonces, tengo que prepararme.
Le había colgado. HaNa miró el teléfono sorprendida. Definitivamente la comunicación se había cortado. Aquello había sido… extraño. Y se sintió como si estuviera en una especie de cita. Parpadeó un par de veces para quitarse esa sensación de la cabeza y miró el reloj. Tenía todavía varias horas por delante para prepararse, por lo que se lo tomó con calma.
*-*-*-*-*
Ya era la hora. Es más, habían pasado ya cinco minutos de las ocho. El mensaje del chico había llegado dos horas después de la llamada y durante esas dos horas HaNa había pensado que se había olvidado por completo. Tampoco le extrañaría… parecía que no tenía demasiada buena suerte con eso de las amistades. Respiró hondo por un momento y metió las manos en el interior de la cazadora que llevaba.
Arrugó los labios y sacó el teléfono de nuevo para mirar si tenía algún mensaje en el que le dijera que por una u otra razón no había podido llegar. Pero no había nada. Eso era todavía más frustrante todavía. Alzó la mirada del teléfono y entonces se dio cuenta de que la estaban observando. No era algo muy obvio, pero la forma en la que el chico apartó la mirada hizo que frunciera el ceño. El lugar en el que se encontraba era un parque, por lo que no era difícil de ver a más gente a su alrededor.
Sin embargo, había algo diferente. Que se resumía, creía, en la forma en la que le estaba mirando. HaNa tenía facilidad para que gente “extraña” se acercaran a ella o la observaran. A veces sus padres o sus pocas amistades habían bromeando diciendo que era una especie de foco al que se acercaba todo tipo de personas. La mayoría de las ocasiones no eran peligrosas, pero había algo en el hombre que se encontraba sentado en un banco un poco más allá de donde se encontraba que le hacía sentir una sensación de peligro.
No era muy patente, ni algo muy obvio. Seguramente otras personas considerarían que estaba completamente loca. Sin embargo, la sensación estaba ahí y HaNa llevaba años sabiendo que sus corazonadas servían y que sus instintos estaban para algo. Aunque muchas veces lo ingorara por completo, por supuesto. Y cuando lo había hecho se había metido en no solo uno, sino en varios problemas, que habían sido bastante difíciles de solucionar.
Estaba tan concentrada en mirar intentando hacer creer que en realidad no lo estaba haciendo, que cuando sintió la mano en su hombro desde atrás no pudo evitar dar un ligero salto y soltar una pequeña exclamación.
—Eres demasiado descarada… —susurró una voz profunda cerca de su oído. —Y nada disimulada.
—¿Qué…?
—No digas nada y sígueme.
HaNa no estaba acostumbrada a aquello, a que la tomaran de su muñeca y que un desconocido tirara de ella alejándola del lugar donde supuestamente había quedado con Yong Woo. Cuando se dio cuenta estaba a una manzana del parque, con el móvil en una mano y siguiendo a un chico del que todavía no había visto realmente el rostro porque estaba tirando de ella. Solo distinguía el cabello oscuro y podía ver la chupa de cuero. Se sintió estúpida en el mismo momento en el que se dio cuenta de que estaba siendo arrastrada, casi secuestrada, por un desconocido y finalmente encontró en algún lugar el valor que necesitaba.
Ancló los pies en el suelo haciendo que se detuvieran lo suficiente como para que por fin el hombre se girara a mirarla. Y fue todo un impacto porque sus ojos oscuros se clavaron en los suyos y todos sus instintos se separaron. Una alarma de peligro se encendió entonces. Había algo en él que no estaba segura de cómo clasificar, pero que casi estaba convencida que significaba salvaje. En cierta manera, a pesar de todo, era como si el hombre no estuviera del todo cómodo en la ciudad. Quizá fue por la forma en la que alzó el rostro, separando la mirada de ella, para mirar a su alrededor. O la forma en la que sus hombros estaban tensos.
—¿Se puede saber qué demonios hace?
—Salvarte el culo, ¿no era algo muy obvio?
—Salvarme… —HaNa parpadeó por un momento, porque lo que estaba diciendo el chico era algo completamente ilógico.- ¿Salvarme de qué? ¿De aburrimiento en un parque? Había quedado con un amigo y ahora a saber…
—Eres más tonta de lo que pensaba. —le interrumpió el hombre, frunciendo el ceño ligeramente. —¿Acaso no te has dado cuenta de que no estabas precisamente en una situación normal?
—No sé a qué te refieres…
El hombre prácticamente gruñó mirándola. No sabía si es que la chica era cortita, si realmente no era consciente de que se había metido en la boca del lobo o es que no tenía ni idea de lo que estaba pasando a su alrededor. Le había parecido notar algo, pero en ese momento delante de ella… Tenía sus serias dudas. Frunció un poco más el ceño cuando de repente el teléfono que ella llevaba en la mano comenzó a sonar rompiendo su concentración.
La chica le miró por un momento, como si esperara que fuera a impedirle coger el teléfono, y después contestó.
—Oh, Yong Woo, sí, estaba allí pero me ha salido un imprevisto y me he tenido que mover. Si me das unos diez minutos estaré de nuevo allí. —respondió ella, mirándole en el momento que decía lo de “imprevisto”. Y el nombre le sonaba, le sonaba demasiado. —¿Dónde estoy? En…
Vio como la mujer miraba a su alrededor intentando localizarse. Sin pensar demasiado en lo que hacía le cogió el teléfono. Al otro lado escuchó la voz de una persona que conocía demasiado bien y eso provocó que sonriera de medio lado.
—Yong Woo… hacía mucho tiempo que no te escuchaba.
—Maldita sea, Jae Seung, ¿qué haces con ella? —pudo notar la sorpresa, y también cómo la respiración se aceleraba ligeramente, lo que implicaba que estaba andando más deprisa. —¿Dónde estáis?
—Oye, devuélveme mi teléfono. —reclamó la mujer, de la que todavía no sabía el nombre.
—Te esperamos en la tienda de soju que hay camino al local.
Sin más, sin decir nada más, colgó el teléfono y miró directamente a la chica mientras le devolvía el teléfono. Sabía que la otra persona sabría exactamente dónde era. Sonrió, una de esas sonrisas que marcaban sus hoyuelos, y después le hizo un gesto con la mano para que le siguiera. Si quería encontrarse con Yong Woo tendría que hacerlo de esa manera. Pudo notar la duda, pero finalmente ella comenzó a andar detrás de él. Eso en cierta manera le hizo sentir culpable, pero tenía que alejarla de ese maldito parque.
Se preguntaba cómo era que Yong Woo, sabiendo cómo estaba la situación en la ciudad, había quedado con ella allí. No sabía siquiera su historia, pero a él le conocía lo suficiente como para pensar que podría encontrarse en compañía de la próxima conquista del mago. La miró de reojo y negó para sí. Algo poco probable porque no encajaba para nada en los prototipos de Yong Woo. Era demasiado discreta, no sobresalía, y sin embargo sí que había algo que no sabía cómo explicar.
En silencio se llegaron hasta la tienda de soju, donde a pesar de la hora ya había gente sentada en la mesas cubiertas por el toldo rojo. Pudo distinguir a un grupo de amigos, a una pareja y a un hombre bebiendo solo. No le gustaba particularmente el olor a alcohol ni el de sudor que podía llegar a su fino olfato, pero estaba acostumbrado.
—¿Quieres tomar algo? —preguntó a la mujer mientras se acomodaba en una de la mesa. La vio dudar por un instante, pero finalmente asintió y se acomodó.
Sonrió de medio lado, observando cómo se abrazaba a la mochila que llevaba en el regazo como si fuera a abalanzarse sobre ella en cualquier momento y pudiera protegerse con ello. Le resultaba divertido, sobre todo porque algo le decía que no era para nada una delicada flor como aparentaba. El mundo sobrenatural, muchas veces, engañaba y hacía mucho tiempo que Jae Seung había decidido que no se fiaría de nada… ni de nadie. La mayoría de las ocasiones aquellos que parecían menos peligrosos, eran un enemigo potencial.
—No, gracias. —dijo por fin ella, mientras miraba a su alrededor.
Estaba incómoda en aquella situación. No le gustaba para nada estar a solas con alguien que no conocía y no entendía la mitad de las cosas que decía. Además sentía que tenía todo el cuerpo en tensión, como si todo le indicara que no se confiara, que había algo que no podía entender. Le sucedía en ocasiones, con algunas personas, pero nunca de una forma tan profunda. Estaba deseando que llegara el otro hombre, aunque sólo fuera para desviar su atención.
Le preocupaba, claro, porque por lo que parecía se conocían. Así que no sabía si todo había sido algún tipo de complot. Tuvo que negar en un par de ocasiones para quitarse esa idea de la cabeza. Era tonta por pensar de esa manera. Seguramente sería todo imaginaciones suyas. Y de nuevo el silencio. No era cómodo como podía suceder entre amigos o colegas, no, era de los tensos que parecía que fueran tan espesos que se podían cortar con un cuchillo. Así que cuando sintió, más que vio, la presencia del chico de las maletas, no pudo evitar relajarse.
Jae Seung fue consciente del cambio en ella, a pesar de que se encontraba de espaldas al lugar por donde había aparecido Yong Woo. Una vez más se preguntó quién era. Quizá pudiera descubrirlo. Observó el rostro del mago mientras se acercaba hasta donde se encontraban. Hubo un gesto de reconocimiento que se tradujo en una inclinación de cabeza y una ligera mirada hacia la mujer por parte del hombre que acababa de llegar, negando, que indicaba que la mujer no sabía exactamente qué era lo que ocurría. O al menos esa era la teoría.
—Siento haber llegado tarde, pero el tráfico estaba peor de lo que pensaba. —comentó Yong Woo sentándose en la mesa de los dos. —¿Estuviste esperando mucho?
—Solo un poco…
—¿Cómo te dio por decirla que esperara en el parque? —interrumpió Jae Seung mirando de un lado a otro de la mesa, cruzándose después de brazos y apoyándose contra el respaldo. —No es precisamente el lugar más seguro de Busán.
—Solo iban a ser un par de minutos, en un par de minutos… ¿quién podría meterse en problemas?
—Ella. —dijo el otro hombre, señalándola con la barbilla. —No es para nada prudente y mucho menos discreta. Si no llego a aparecer seguramente no hubiera nada cuando hubieras llegado.
Los hombres cruzaron la mirada y HaNa se sintió de nuevo como si estuvieran hablando en un idioma que no conocía. Eso hizo que se irritara. Quizá porque llevaba una mala tarde, entre unas cosas y otras. Dejó el bolso a un lado, se movió ligeramente hacia delante y miró a uno y a otro con los ojos ligeramente entrecerrados.
—No sé si esto lo habíais planeado o qué, tampoco sé muy bien quién eres tú. —dijo mirando directamente hacia el hombre que la había arrastrado. —Pero soy mayor de edad, tengo posibilidad de raciocinio y estoy presente en esta mesa, como vosotros dos. El parque no parecía más peligroso que un desconocido arrastrándome durante no se cuanto tiempo sin darme ni una oportunidad de objetar. Y que, para más casualidad, resulta que es amigo con la persona que había quedado y que no llegó a tiempo.
—¿La has arrastrado? —preguntó Yong Woo mirando hacia el otro hombre que simplemente asintió por un momento.
—Solo un poco, pero la verdad es que no hizo tampoco nada para impedirlo. —respondió con total tranquilidad.
HaNa sin pensarlo se incorporó tomando su bolso y los miró, sin más se iba a girar para marcharse, pero sintió una mano en la muñeca que provocó una sensación de calambre, exactamente igual que la que había sentido en la estación y que había hecho que sintiera curiosidad por el hombre con el que había quedado esa noche. Cuando bajó la mirada hacia la mano, era de nuevo él, pero sintió más curiosidad por la mirada de confusión que durante un segundo se deslizó por el rostro del desconocido que la había arrastrado.


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