Aquella noche el Vollmond estaba extrañamente solitario. Habían abierto hacía dos horas y no había nadie, siquiera los dueños o los jovencitos que solían andar por allí, los cuales Nun había adivinado que pertenecían a la pandilla del hermano pequeño de Jae Seung, o algo así.
Era extraño a la par que aburrido. Por alguna razón le había tocado encargarse de la barra en vez de estar encima del escenario. ¿A quien debía entretener si no había nadie? y aún si lo había.. ¿Quién se encargaría de poner las copas si Hana no estaba por allí?.
El tiempo pasaba extremadamente lento. Las gotas de lluvia volvían a golpear los cristales siendo ese el único ruido real que había en todo el local. Demasiado silencio para ella quien, a pesar de que las tormentas le relajaban notablemente, era alguien que necesitaba la música a su alrededor, pues era el medio en el que vivía y lo precisaba más aún que el aire.
¿Qué demonios? Aquella era una pérdida de tiempo. Los ojos oscuros de la mujer se giraron para posarse en el lateral del local donde se encontraban los instrumentos. La luz de un relámpago atravesó los cristales pero curiosamente sólo pareció iluminar la guitarra. ¿Sería eso una señal?.
Dejó el trapo que estaba utilizando para secar las jarras de cerveza y se encaminó al instrumento, subiendo los dos escalones que separaban la madera del escenario del suelo. Se agachó y tomó la guitarra entre sus manos para después colgársela del hombro. Los dedos se posaron sobre las cuerdas, las acariciaron y, tras un profundo suspiro, las pinzaron intentando sacar de ellas algún tipo de sonido.
No sonó nada.
Aquello era extraño. Nun comprobó rápidamente que el amplificador estaba encendido y todo correctamente enchufado pero ella estaba bien y siquiera había podido escuchar el sonido natural de las cuerdas.
De pronto un relámpago más fuerte que el anterior, un trueno que hizo retumbar toda la estancia y se fue la luz. Nun no pudo ver nada... absolutamente nada. Afuera no brillaba ningún tipo de luz, ni la de las farolas o los coches, ni la de la luna que debía estar oculta aquel día por las nubes. Nunca había sentido una oscuridad tan intensa.
Se escuchó la puerta de la calle abrirse y entonces un extraño frío llenó toda la estancia, como expandiéndose por ráfagas sinuosas. La siguiente respiración de ella hubiera sido vapor si la mujer hubiera podido verla. Un nuevo rayo iluminó la figura que acababa de aparecer en la puerta: Mi Reu.
El hombre vestía... Demonios, vestía como si fuera la definición perfecta de “seducción”. No era nada fuera de lo normal... unos pantalones de traje, una camisa blanca en la parte superior y un abrigo grueso y largo encima. No era la ropa que llevaba: era como la llevaba. La lluvia le había empapado y la tela se pegaba a aquel cuerpo que se adivinaba largo y fibroso. Las gotas de agua se deslizaban por su mentón, por su cuello y por su torso...brillantes por alguna razón que ella no pudo entender, pero al instante sintió el deseo de recogerlas con su lengua. El cabello que también se pegaba al rostro le daba un aspecto juguetón a la par que peligroso.
Caminó lentamente hacia ella. Cada uno de sus pasos mientras se acercaban sonaban en la habitación. Cada vez que un relámpago restallaba fuera, le veía más cerca... y más... hasta que se encontró a unos centímetros de él. Era extraño...se movía lento y veloz a la vez.
Mi Reu adelantó la mano hasta posarla delicadamente en la de la chica y ella se sorprendió, pues esta estaba más cálida que la vez anterior... desde luego no recordaba que su tacto fuera así. Giró lentamente hasta colocarse a su espalda. Al instante sintió su ropa húmeda y aquel olor a cuero y buen tabaco que le acompañaba siempre y que a ella le encantaba.
-¿Qué haces aquí?- preguntó en un susurro.
-Sssh...-fué lo único que respondió el hombre.
Cada una de sus manos se colocó sobre las de ella. Los largos y finos dedos sepultaron a los de la mujer, presionándose contra ellos delicadamente. Entonces, con un movimiento de las caderas masculinas, ambos cuerpos se presionaron más aún... y las luces del local se encendieron de pronto.
Los ojos de Mi Reu recorrieron el local y terminó sonriendo de medio lado, adelantando la cabeza hasta que sus labios se posaron junto a la pequeña orejita de ella, susurrándole en un movimiento que dejó una caricia sobre el arco de la misma.
-Creo que ni tu misma sabes de lo que eres capáz.
Los dedos del hombre comenzaron a moverse y,extrañamente, los de ella también casi como si ambos estuvieran pegados por un imán. Nun bajó la mirada hasta allí asombrada...la presencia del hombre le había confundido hasta tal punto que no se daba cuenta de que, a pesar de que era el hombre quien movía los dedos, era ella quien estaba tocando.
En realidad nunca había visto una canción tan perfecta... y sin embargo aquella melodía le resultaba un tanto conocida. Empezó lenta, sinuosa... pero poco a poco se fue haciendo más rápida. Nun solía sentir la música de una manera muy intensa pero aquello era diferente. Sentía un extraño calor trepándole por los dedos, navegándole por la sangre hasta el mismo centro de su cuerpo, hasta tu corazón, y bajando luego lentamente por el estómago hasta el pubis. ¿Era a causa de la música o era por el?.
La respiración de la mujer se había acelerado notablemente. Aun con ese mínimo contacto notaba como los pezones se le habían endurecido y precisamente a causa de aquella acelerada respiración se rozaban en cada movimiento con la cara interna del sujetador.
Los labios de Mi Rey descendieron desde su oreja al cuello del hombre dejando un reguero de pequeñisimos y delicados besos que recorrieron la clavícula y se posaron en el hombro. Con los dientes descendió el tirante de la camisa, y también el del sujetador. Luego fue la lengua la que volvió a realizar el recorrido hasta el cuello y alli dejó que los labios fueran los que se posaran en un cálido beso.
Nun se sintió desfallecer en aquel instante. Las piernas flaquearon y el, que lo notó, apartó las manos de la guitarra para llevarlas hasta la cadera de ella aprovechando para sostenerla y apretárla un poco más contra sí. Entonces la joven se dio perfecta cuenta de que a Mi Reu también le tensaba aquella situación, y es que sentía su excitación golpeándole entre las nalgas, sobre la falda de cuero que llevaba ella.
Aquello era una locura y sin embargo la mujer no parecía tener voluntad para apartarse. Tan solo los besos de él, el sentir toda la generosa longitud y el grosor de su miembro presionando contra ella... le hacían sentir mucho más placer del que había tenido en mucho tiempo, aunque no fuera alguien que despreciara el buen sexo cuando se le ponía por delante.
Y de pronto, cuando casi parecía a punto de perder el control sobre sí misma, sintió algo similar a dos gruesas agujas atravesando su piel. Un gritito de dolor abandonó sus labios pero fue cubierto rapidamente por un placer que no había experimentado nunca antes. Sentía la sangre abandonado su cuerpo y al mismo tiempo el placer entrando en ella... y no tardó demasiado en encontrar la razón, o la que ella creía que lo era.
La mano de Mi Reu se había adelantado hasta el vientre de ella y había descendido lentamente en dirección a su pubis. Allí, tras alzar sin ninguna dificultad la falda gracias a lo corta de la misma, los dedos índice y corazón se habían posado sobre su centro de placer comenzando a frotarlo con maestría.
Aquello no duró mucho, pero a ella se le hizo intenso.Por unos instantes se olvidó de quién era y dónde estaba y se concentró sólo en el placer que recorría todo su cuerpo. Y cuando alcanzó el clímax antes de lo esperado Mi Reu apartó sus labios de ella y pasó la punta de la lengua por las dos heridas, que no tardaron demasiado en cerrarse.
¿Un vampiro? ¿Era posible? ¿Existían? Que coño. Ella nunca había creído en la magia, siquiera en los horóscopos por los que se guiaba mucha gente, menos aún en el hombre del saco, los licántropos, los fantasmas o...Los vampiros. ¿Qué coño era eso? Nunca le había gustado Crepúsculo y no quería vivir aquello en sus propias carnes.
Pero cuando Mi Reu sujetó el strap de la guitarra que hacía que esta siguiera colgando de su hombro y la tiró a un lado no fue capaz siquiera de recriminarle que tratara así a su instrumento. Los ojos del hombre...o del vampiro..se habían tornado de un color mucho más claro que casi llegaba a resultar granate, los labios de él seguían impregnados de su sangre y los colmillos sobresalían entre ellos. Cuando se paseó la lengua entre ellos recogiendo la sangre... no pudo más.
Con un paso avanzó hasta juntarse al vampiro, que había avanzado también hacia ella. Las manos de Mi Reu la sujetaron de las nalgas alzándola como si pesara lo mismo que una pluma. Las piernas de ella se alzaron rodeando la cintura del hombre y pegándose contra sí. Los dedos deéll exploraron su piel, aviesos, colándose bajo la tela de las braguitas que no tardó demasiado en arrancar.
Cuando la sentó sobre la barra, tirando al suelo todos los vasos que había sobre esta, las manos de Nun se apresuraron en despojarle de la chaqueta y la camisa y arañar su torso. La piel de él parecía arder en aquel instante...pero ella no se molestó en preguntarse por qué de pronto.
-Desnúdate- le ordenó con un gruñido gutural.
No hizo falta que se lo repitiera dos veces, al instante ya estaba sacándose la camisa por encima de la cabeza y despojándose del sujetador. Y mientras... los dedos del hombre volvían a aquel lugar tan íntimo y por entonces completamente humedecido de ella, colándose hasta el fondo en su interior. Nun dio un respingo, no se lo esperaba...aquella brutalidad, pero igualmente le encantaba. Pronto se movieron explorando su interior, comenzando a hacer círculos... círculos perfectos que parecían llegar a cada fibra sensible de ella.
Cuando ella se despojó del sujetador fueron los labios de él los que se adelantaron hasta sus pechos, besándolos con ganas, recorriéndolos en lentas y circulares caricias que culminaron sobre sus pezones endurecidos por el placer y la excitacion. Allí fueron los dientes los que los tomaron, mordiéndolos un poco, con cuidado... y luego la lengua la que los repasó antes de que el comenzara a succionar con ganas, primero uno y luego otro.
Nun tampoco se quedó quieta. Sentía la urgencia de tener el miembro del vampiro excitado entre sus manos, aunque solo fuera por afán científico de saber si esos seres podían... Pero sí, podían... y vaya si podían... eran capaces de crecer y endurecerse hasta el punto que ella ahogó un gemido al sentirlo crecer entre sus manos.
La chica no era experta en aquello, claro, pero tampoco habían sido pocos los hombres que habían pasado por su cama. Así que cuando rodeó el generoso grosor con los dedos y comenzó acariciarlo al mismo ritmo que él la tocaba a ella.. Mi Reu dejó escapar otro de sus gemidos.
Antes de que pudiera hacer más la mano del hombre se alzó hasta el cabello de ella, agarrándolo con fuerza para obligarle a arquear la espalda. Apenas con dos movimientos de cadera consiguió separar sus piernas y, de un solo empetón, entrar en ella por completo.
El grito de ella, de placer, llenó el local por completo. Si alguien entraba en aquel momento, si los jefes los veían...estaba despedida, pero en aquel momento no importaba nada. En esa posición el la tomó con fiereza pero sabiendo muy bien lo que hacía. La mano libre acariciaba sus pechos, alternando uno y otro. Una vez...y otra.. y ella cada vez se sentía más húmeda y más fuera de sí.
Cuando él soltó su cabello fue solo para agarrarla con más fuerza de las nalgas, obligándola a seguir aquel ritmo fuerte y rápido que Nun tanto disfrutaba. La chica mientras tanto alzó posando las manos en su espalda, por debajo de los brazos de él, arañando esta con fuerza en unas marcas que quedaron muy patentes en la pálida piel de Mi Reu.
Era increíble cómo ambos se etendían, cómo se movían a la par como si fueran una misma persona. Los labios de ambos se encontraron entonces en un fuerte beso que no tenía nada de amor y todo de pasión, un beso en el que ella acarició sus colmillos con la punta de la lengua y que solo se separó cuando ambos llegaron al mismo tiempo a un profundo orgasmo.
HaNa llegaba tarde. No había tenido una buena noche. Tenía la sensación de que había estado soñando, pero no se acordaba de qué. Era más la sensación de que algo no estaba bien del todo lo que se había apoderado de ella por completo. Una especie de presión en el estómago. Había sido casi al amanecer cuando se había quedado profundamente dormida. Y apenas dos horas después cuando había sonado un despertador que apenas había hecho caso.
Llevaba ya varias semanas viviendo en esa casa que ahora era la suya, aunque a veces se sentía un poco incómoda. Apoyada contra la encimera de la cocina veía caer las gotas de café como si la vida le fuera en ello.
—Vamos, vamos, un poquito más rápido. —susurró, hablando para sí misma.
Nun se había despertado completamente sudada de aquel sueño...aunque quizás no solo sudada. Tenía la respiración completamente acelerada, el corazón le latía a mil por hora e incluso le dolía la cabeza. Se llevó la mano al cuello buscando allí algún rastro de la herida. Nada. Solo había sido un sueño.
Descalza se levantó de la cama caminando hacia la cocina en busca de un buen café que la despertara... ya había confundido demasiado el mundo onírico con la realidad. Al encontrarse allí con Hana sonrió delicadamente.
-¿Tu también necesitas café? Vaya,parece que nos ponemos de acuerdo.
—Como el respirar. Si no tomo un buen café… no conseguiré activarme. —miró a Nun y sonrió. —No he dormido apenas y tengo… un largo, largo día en la facultad.
Se giró entonces hacia la cafetera. No quedaba mucho para que el café estuviera preparado. El olor se había extendido por toda la cocina y, en parte, había conseguido despertarla. Ya estaba vestida para ir a trabajar: unos vaqueros, un jersey, encima de la mesa estaba la mochila y la cazadora que solía llevar.
-A mi nunca se me dieron bien los estudios...me temo que solo tengo cabeza para la música... Si quisiera hacer cualquier otra cosa sería una inútil -dijo ella tomando asiento en una de las encimeras de la cocina- quizás algún día vaya a visitarte a ver que tal es eso...¿tus profesores son guays?.
Hablando de aquello se olvidaba del sueño... al menos parcialmente porque flashes del mismo aparecían de vez en cuando...con suerte se pasaría con el tiempo.
—¡Ya está! —exclamó HaNa tomando dos tazas para poder servirse el café. Se giró para mirar a Nun y niega. —Yo soy una negada con la música. Sería incapaz de saber qué hacer con una guitarra en la mano y si llueve fijo, fijísimo, que diluvia. —suspiró entonces por un momento. —Mi jefe es… raro. —decidió decir, porque todavía no sabía muy bien cómo eran. Se acercó a Nun para entregarle una taza y tomó la suya. —¿No has dormido bien? se me hace raro verte tan pronto despierta.
-Se podría decirse que he dormido bastante bien- contestó ella sonriendo delicadamente y tomando la taza que le ofrecía la chica- Un sueño placentero a la par que realista y extraño...con un hombre que conocí el mismo día que a ti...en extrañas circunstancias.
Se encogió delicadamente de hombros y miró a la chica antes de alzar la taza de café para beber un poco. Si...ella estaba acostumbradísima a trasnochar y levantarse tarde, aquello desde luego no era normal.
-¿Raro?¿Te trata mal? -Esperaba que no. Ahora HaNa era miembro de la familia, y si alguien le hacía daño.... bueno, habría que intervenir.

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